Cada mes, muchas constructoras repiten el mismo proceso: recopilar partes en papel, pasarlos a una hoja de cálculo, cruzarlos con las mediciones y preparar la certificación. Cada paso manual añade días y abre la puerta a errores que acaban en discusiones con la propiedad.
Dónde se pierde la información
- Partes que llegan a la oficina días después de la jornada.
- Horas y cantidades copiadas a mano en varios archivos.
- Mediciones que no coinciden con lo registrado en obra.
Un único registro desde el origen
Cuando el encargado registra el parte en el móvil, ese dato ya está disponible para el jefe de obra, que lo valida, y para la oficina técnica, que lo usa en la medición. No hay que volver a escribirlo en ningún sitio.
A final de mes, la certificación se construye con la producción aprobada. La dirección facultativa revisa partidas con su origen documentado y la factura se emite con las mismas cifras.
El resultado
Menos tiempo de cierre, menos discrepancias y una certificación que se puede defender partida a partida.


